jueves, 23 de octubre de 2014

UNA VUELTA POR BUJARUELO

Simplemente una entrada corta para llevar la contabilidad y para que no se me olvide esto de escribir
aquí.
Sábado 11 de octubre. Se me preparan dos semanas en las que no voy a poder ir al monte así que decidimos hacer algo que merezca la pena. La idea inicial era, desde San Nicolás de Bujaruelo, subir al ibón de Bernatuara y luego hacer los picos de Bernatuara y se había ganas el Gabiet de dosmilsetecientosypico.
Se apuntan a la maniobra Ana, Begoña, Kankel y yo.
Fuerte calcetinada para recibir el otoño en un valle precioso. Además, anuncian potente anticiclón así que la atmósfera estará prístina y clara cual culito de bebé.
Quedamos a las ocho. Primer problema. No está despejado pese a todas las previsiones. De hecho hay un manto de nubes desde los 1600 m. y el día es gris y feo.... bueno, subiremos al ibón y yastá.
Segundo problema. Una vez dejado el coche y cogido el camino que sube al puerto, hay agua por todas partes, de forma y manera que hay tramos del camino que da la impresión de estar haciendo ascenso de barrancos con agua hasta el tobillo.
Tercer problema y éste insalvable. Los barrancos bajan en modo indómito tirando a brutal, se ha llevado la pasarela que deja cruzar al valle de Sandaruelo e intentar cruzar el río aquí es una temeridad.
Pues nada, ya que estamos aquí y como Kankel no había estado nunca en el famoso col de Boucharo, pallí que vamos por el transitadísimo, conocidísimo e historiquísimo camino que unía Torla con Gavarnie.
Un par de veces que tenemos que vadear el barranco, a la altura de la cabaña de eléctricas, nos vemos el culo... y eso que ahora no baja ni la mitad de agua al haber dejado atrás el barranco de Sandaruelo...
Sorteando regatos y zonas encharcadas nos plantamos en el puerto donde hace un viento de sur atroz y un frío que pela. Hasta aquí, no hemos visto ni un minuto el sol y el día es sumamente desapacible....pero es pronto todavía. ¿Y si vamos a comer a Sarradets?
Iniciamos la marcha bajo las murallas de los Gabietos y del Taillón donde se para un poco el viento pero cada vez se nubla más y cada vez hace más frío... joder con las previsiones.
Se nos quitan las ganas de todo. Nos damos la vuelta y volvemos por el mismo sitio después de comer rodeados de Marasmius oreades en una campa.
El colofón, hayamos o no hayamos hecho nada, como siempre con una galimba en el refugio de Bujaruelo gozando de los únicos rayos de sol que hemos tenido en todo el día.
Hala pues...

domingo, 12 de octubre de 2014

VIII SENDA AMARILLA Y BARRANCOS DE CAP DE POUNT Y BIOUS

Finde intenso e interesante el pasado. El sábado sabadete, somos los artistas invitados en la VIII Senda Amarilla y el domingo, una vez que logramos quitarnos de encima a las hordas de admiradoras, nos vamos a refrescar a la France donde ya se empieza a notar la inminencia del otoño. Vamos al lío:
Sábado 4 de octubre. Como ya es habitual, la asociación O Cumo de Oliván, celebra la senda Amarilla, un recorrido entre Oliván y Ainielle que trata de que no caigan en el olvido estos viejos caminos y estos pueblos. Además de la andada, todos los años invitan a alguna eminenecia que da una disertación o "Conferencia campestre" sobre algún tema relacionado con el entorno donde nos movemos. Este año nos ha tocado a Carlos, de la Asociación O Zoque, y a mi mismo presentar la Guía de Sobrepuerto recientemente publicada. Y, aunque cada uno es una eminencia en su casa y fuera de ella no dejamos de ser simples mortales con nuestras virtudes y nuestras miserias, dónde mejor que en Ainielle para presentar el libro del que ambos tenemos buena parte de culpa??? Bueno, quizá donde se hizo la primera presentación, en Bergua. Ambos son pueblos de Sobrepuerto pero en Bergua vive gente todo el año, que visto el paisaje que nos rodea, ya es mucho.
Salimos a las ocho sobre 150 personas y algún perro. A los pocos minutos, paramos a descubrir un monolito en memoria de uno de esos montañeses tenaces y anónimos que han dado todo por su tierra y que se han marchado ya a conocer y andar otras montañas.
Muy emotivo el acto, con la presencia de su viuda, sus amigos y sus compañeros de marchas.
Continuamos en un día radiante y con la temperatura ideal. La siguiente parada es Berbusa donde almorzamos para continuar al poco y llegar sin novedad a Ainielle.
Allí organizamos una visita al molino que, si no nos han engañado, se pretende restaurar en breve. Me toca explicar el funcionamiento de ese ingenio de herencia medieval ante un concurrido auditorio que tiene que hacer turnos para entrar ya que todos juntos no caben. Subimos otra vez al pueblo y comemos entre conversación cordial y tragos de vino de una y otra bota. Que no me deeeeis más de beber.... que me conozco... que se me empieza a trabar la lengua y luego tengo que dar una conferencia.....¡Coño! ¡Y ahora melocotón con vino! Yo solo uno que luego ya verás.... ¡oye!, ¡que bueno! venga va, otro más ¡pero el último eeeeeeh!!!!! (....) (...) Oye, gue si a de sobrrrarrrr hacemossss un sfuerrrrrzo y nosh bebemossss otgo ¡Hip!.
Al final, después de bien comidos y bien bebidos (café inclusive) procedemos a presentar la guía guardando la compostura y haciéndonos entender más de lo que nos esperábamos... oye, si hasta nos aplauden y todo... qué gente más maja.
Pues poco más queda que hacer aquí... los bares han cerrado ya y las discotecas pa ratos abren... venga para abajo.
Sin novedad, con agradable conversación con un@s y otr@s deshacemos el camino hasta Berbusa, cruzamos el barranco y por pista nos plantamos nuevamente en Oliván donde vuelven a caer firmes cervezas, algún baile con los Músicos de la Solana (bueno, ellos tocan... bailar, bailar lo hacemos algunos con quien se nos dejan) mientras hacemos tiempo para una charla, esta vez con diapositivas, sobre los valores, intereses y demás atractivos de estas tierras de Sobrepuerto. También, todo hay que decirlo, se venden muchos más libros que en cualquiera de los otros actos donde se ha presentado, incluida las cabeceras comarcales. Claro que no siempre se tiene la ocasión de que te lo firme y te lo de en mano uno de los autores con más éxito y más atractivos del panorama editorial....anda queeeeeee!!!!!!

Domingo 5. Sale un día radiante aunque fresco. Sin madrugar, quedamos en la gasolinera de Biescas Silvia, JC, Javier, Cristina, Miguel, Pol y yo. Lolo y Ale, no vienen pero se acercan a saludar al personal.
Rápidamente nos vamos a la France en busca de uno de esos barrancos que hace días que llevamos en cartera y que por una cosa o por otra, nunca caen.
En Francia, para variar, hace un día francés. Esto es, brumoso-grisáceo con nieblas y frío. Aparcamos en el parquing del lago de Bious-Artigues y echamos un bocao al cuerpo. Como siempre, cuando vienen los amigos binefarenses, no nos quedamos ni con hambre ni con sed.
Vigilados estrechamente por su majestad le Midí, nos despelotamos ante la atenta e incrédula mirada de los que hay por allí tapaos hasta las orejas, cargamos con los bártulos y arreamos hacia arriba. En una hora nos hemos recorrido todo el llano hacia el sur y llegamos al puente donde termina el barranco. Éste se desarrolla en un afloramiento calizo que ahora trepamos por una pista y que nos deja en la cabecera en apenas 15 min.
Frío el ambiente y gélida el agua. Si a esto unimos que el cauce es absolutamente resbaladizo, la primera impresión es más mala que buena. Sin embargo, conforme que vamos rapelando, destrepando y saltando por ese cauce labrado en caliza negra veteada de blanco, vemos que el barranquillo en cuestión es un compendio, en vivo y en directo, de todas las formaciones geomorfológicas, erosivas, kársticas y fluvionivales que podemos encontrar en un barranco. Quizir, que atravesamos meandros, marmitas, badinas, marmitas trampa, marmitas colapsadas, pozas, fallas, diaclasas, estratos... una gozada de sitio al que hay que volver para hacerlo despacio que hoy, lo que de verdad apetece, es salir al sol a ver si logramos recuperar la circulación periférica en nuestros maltrechos organismos.
15 minutos  nos ha costado subir andando desde la salida hasta la cabecera. Y bajar, moniando y haciendo muchas fotos, más de dos horas.
Justo en la salida unos tímidos rayos de sol, atraviesan las nubes y nos calientan lo suficiente como para que  todo el mundo esté de acuerdo en que todavía es pronto y que, ya que estamos, vamos a bajar otro de esos que hay por aquí.... si es queeeeee.... ¡anda que no nos va el barro!!!!
Vuelta a deshacer el camino, ante la atenta mirada de multitud de senderistas que nos ven bajar chorreando agua mientras ellos se arrebujan en sus goreteses y demás prendas caloríferas.
Cuando llegamos al parquing nos está esperando Luisa, que viene a buscar a Pol y que nos trae abundantes viandas a cada cual más buena y apetitosa. Pos cojonudo tú... después del esfuerzo, poco pero intenso, y nuestros organismos quemando combustible a todo trapo para mantenernos calientes, la verdad que se agradece llenar el depósito a base de butifarra, queso, patatas ecológicas de Orós compradas en Francia ¡ojo!, vino y cerveza a partes iguales.
Bien comidos y bien bebidos y aprovechando que Pol se va y nos hace la combinación de coches, nos bajamos el Cañon de Bious que va paralelo a la carretera por la que hemos subido.
Muy bonito también. Sin llegar al barroquismo geológico de Cap de Pount, la gave en cuestión es un señor río de aguas verdes turquesa con abundantes saltos, badinas idílicas y paradisiacas, algún rápel limpio y poco comprometido y rincones francamente bonitos.
Y dos cosas importantes. No resbala y lo mejor de todo, sea por los tragos sea por otra causa, el agua no está fría... o al menos no tanto como la otra lo que nos hace entretenernos en saltos y badinas sin correr como gatos escaldados cada vez que tocamos el agua.
Cuando nos damos cuenta, estamos cruzando el puente de la carretera general justo debajo del pueblo de Gabás donde tenemos el otro coche.
Todo perfecto. El día, la compañía, los barrancos... esto hay que rematarlo, como siempre, con una buena galimba... vamos a ello.
Hala pues...

miércoles, 1 de octubre de 2014

PICO DE LA ZAPATILLA EN CANDANCHÚ

Que los humanos somos seres gregarios y aborregados, eso está fuera de toda duda. Que donde va uno vamos todos, como las ovejas, también, pero que hay lugares que hay que conocer tarde o temprano pues también es así. Efectivamente, parece que esta ruta se ha puesto de moda y a todo el mundo le ha dado por recorrerla. En nuestro caso, aunque hace días que estaba en cartera, fue la completa y actualizada reseña de Bruno la que nos invitó (casi obligó) a ir ya. Este año, sin falta, antes de que empiece a nevar.

Lo cierto es que no es una ruta de senderismo ni tampoco de escalada ni tampoco de espeleología pero reúne todas esas disciplinas, con una dificultad muy moderada y en un entorno que si obviamos los hierros, sirgas, cables, desmontes y basuras de Candanchú, merece la pena. Está a la altura de otras rutas sorprendentes como la de las Escaleretas del Vero o la de la Fênetres del valle de Ossau por mencionar un par de las que ya conocemos.
Al lío. Sin madrugar, que empieza a hacer fresco, quedamos en Villalindano Silvia y J.C, Pol con Chaime y yo mismo. Carretera a Candanchú donde aparcamos al lado de un cuartel militar que se cae (aparentemente) a trozos... (Bueno todo no, la casa del coronel, o teniente o lo que sea está bien y recién pintada.). Desde allí ya vemos el pico de la zapatilla llamado así por la evidente forma de este aditamento que nos ponemos en los pieses. Para los listos, eso se llama una pareidolia y, aunque no vamos a entrar en el tema, esta tontería, la de ver formas reconocibles en montañas o paredes rocosas, ha jugado un papel muy importante en algunas creencias donde los fieles ven caras de dioses, demonios o santos en determinadas piedras o formaciones naturales.
Bueno, pues que nos desviamos a la izquierda y vamos a buscar un corredor que se desarrolla, nuevamente, a la izquierda del pico. Al principio la pendiente es moderada y se anda por hierba y senda pero luego la pendiente se acentúa y la hierba deja paso a la roca movediza y cascajera.
Afortunadamente se sube bastante bien y no hay que llegar al final. Después de comernos el primer tercio, justo donde las calizas grises que bajan desde la cima cabalgan sobre una veta de areniscas calcáreas, mucho más blandas ergo mas erosionables, veremos a nuestra derecha una cuerda fija. Por allí vamos a subir, aprovechando la erosión de la arenisca y sus estratos solapados.
Nos pertrechamos de hierros, arneses, cascos y demás aparejos e iniciamos unas trepadas que, sin ser difíciles, son entretenidas. La cuerda, roñosa, rota y con abundantes flores, nos sirve de guía  y de seguro psicológico ya que aguantar una caída, creemos que no la aguanta.
Esta primera parte se hace muy bien, tirando de gemelos pero sin mayores problemas hasta llegar a una hermosa campa donde termina la cuerda. Allí, entre flores de nieve, festucas, gencianas y Horminum pyrenaicum hay abundante hierro y chatarra de bombas y demás artefactos incendiarios y/o matadores. Manda cojones en qué nos gastamos el dinero público (aunque haga ya muchos días de eso) y, sobre todo, como se puede ser tan cerdo de no mandar un escuadrón, una compañía, un pelotón o lo que coño quieran mandar a recoger todo esa mierda que hay dispersa por allí... claro que, en el entorno de una estación de esquí (que desde aquí no se ve ¡ojo!) casi da igual.
Venga, que seguimos. Lo siguiente es una ladera con un lapiaz de libro en la que salen pasos de IV o buscar una vira herbosa que nos sube al mismo sitio previo rodeo. Como vamos con menores y a los mayores (algunos) tampoco nos apetece, por la hierba que vamos.
De una forma u de otra, llegamos a un nuevo pedregal donde se insinúa una mínima senda que nos lleva a un agujero situado en una pared arriba. Para allí que vamos y nos introducimos en una minicueva. En todo momento vemos luz. Trepando por terreno fácil, en dos patadas salimos desde la cara oeste donde estamos, nuevamente, a la norte a través de este curioso, simpático y dicharachero paso subterráneo.
Aquí vuelve a haber cuerda fija que nos guía casi por medio de la ladera, entre gravas, pasos de adherencia y lapiaz rompebotas hasta la cima de la montaña.... ¡si! ¡los cojones! eso es lo que os creíais.... La cima de verdad, la de 2225 m., se encuentra más al sur, previo paso de un simpático collado en el que, manda buebos, tenemos que sacar la cuerda para rapelar una grieta de chichinabo pero de mal subir y peor bajar.
Ahora si, cima herbosa de areniscas cretácicas conseguida. Fotos y pabajo.
Volvemos sobre nuestros pasos, trepamos lo que habíamos rapelado, y nos desviamos a la derecha por lo que debe constituir la vía normal de subir al pico equipado, igualmente, con cuerdas fijas.
Hasta aquí la primera parte. Continuamos hacia sol naciente, disfrutando de los desmontes, cables y demás mierda de la estación hasta llegar a un collado, enseñoreado por una integradísima y bellísima telesilla donde paramos a comer. La verdad que se está francamente mal. Hace viento y no demasiado calor así que comemos enseguida y nos tiramos a buscar la conocida sima de Tortiellas, una cueva con entrada y salida que, en tres rápeles, nos va a bajar casi al coche.
Oye pues si... recorrido bonito, curioso y espectacular a partes iguales. Muy bien equipada a base de parabolt de a 10, lo que parece una gatera al principio se convierte en un tubo escalonado que nos lleva a la base del pico de Tortiellas.  Casi una hora nos ha costado bajar a todos, disfrutando del sitio, haciendo fotos y explorando todos los recovecos (que tampoco son muchos, la verdad.)
A partir de allí, bajada guarra, muy guarra y guarrísima por piedra y barro a coger una de las pistas y al coche donde llegamos sobre las tres de la tarde. Galimba (grande) en Canfranc y pa casa.
Oye, muy majo. No creo que sea la última vez. Es un recorrido, sin duda, para sorprender a alguien. Quizá cuando Letizia vuelva a pedirme que la saque de palacio, en vez de llevármela al Gran Golf Spa&resort "Monasterio de Zerzito" como la última vez, igual me la traigo por aquí y la canso, que si no, luego se pone muy pesada....
Hala pues...

lunes, 22 de septiembre de 2014

UNA VUELTA POR DETRÁS DE MONTE PERDIDO.

Viernes12 de septiembre. Para mi poca vergüenza sigo de vacaciones aunque éstas están llegando ya a
su fin. Pocos años como este he aprovechado tanto, tan bien y tan abundante...será porque soy inmune a las crisis??? (la económica, la de los cuarenta y la de la pitopausia). Lo cierto es que lo que diga Montoro me la pela, la mentalidad la sigo teniendo de 20 años y la otra... pues la otra.... bueno, a lo que íbamos.
Me llama Montse que, como todos los años por estas fechas y coincidiendo con no sé qué de la Diada, se ha venido para las tierras de la Corona abandonando las del condado.
Decidimos, aprovechando el autobús de Nerín, darnos un rulo por la zona este del Perdido e intentar alguno de los picos que nos quedan en esa zona. A ella, en concreto, todos , menos Monte perdido y Cilindro y a mi, si no me equivoco, el Baudrimont de más allá y la espalda de Esparrets.
Madrugada indecente para llegar, por carreteras solitarias a estas horas, (no he visto mas seres vivos que un jabalí y un raboso) a Nerín a las siete de la mañana. Sorprendentemente, para ser un día entre semana y fuera ya de temporada, el autobús sube lleno.
A las ocho menos algo nos deja muy cerca del primer mirador. Allí desembarcamos y empezamos subiendo un repecho antes de entrar en la vertiente del Valle del Arazas y coger una senda, que en ligero descenso, se encamina decididamente hacia Goriz.
Recién amanecido, los contrastes entre el fondo del valle, todavía en penumbra, la ladera por donde andamos, ya con claridad suficiente y los picos más altos donde ya pega el sol, hace que se nos salten las lágrimas. Mira que hemos visto amaneceres de estos románicos y no nos acostumbramos snif, snif!! Que emoción.
En esas estamos cuando se nos acerca un simpático francés, de nombre Pierre, y nos empieza a dar conversación. Nos dice que quiere hacer, mas/menos lo mismo que pretendemos nosotros así que se une al grupo de dos. A partir de ahora somos trío los que nos dirigimos a intentar hollar esas cimas que se empiezan a ver en lontananza... bueno, verse, verse... se ven dos, las otras no.
Llegamos al desvío hacia el collado de Arrablo o de Goriz. Mientras que todo el mundo tira a la izquierda, suponemos que al refugio y luego al Perdido, nosotros tiramos a la derecha y, por paisajes lunares, ganamos el collado desde donde se amplían los horizontes. Al sur, como un hachazo en medio del altiplano calizo, se aprecia todo el desarrollo del cañón de Añisclo.
Bordeamos por la base al Punta d'as Soras (que no Punta de las Olas) buscando un punto débil en la muralla que tenemos a nuestra izquierda hasta que damos con él, ya empezando a bajar hacia el collado de Añisclo. Yo había estado por aquí hace mucho y no recordaba que este paso clave estuviera tan lejos, pero vamos, sí, debe ser éste.
Una trepada sin misterio y damos de bruces con una ladera de canchal de esas que, cuando las ves, se te caen los cojones al suelo. Afortunadamente, hay una senda muy pisada que hace que el terreno esté bastante asentado. Aún así, porque nos apetece, y somos así de guays, nos tiramos a la derecha hasta llegar a la arista que cae hacia el valle de Pineta, por donde se sube igual de mal pero por lo menos, tenemos vistas amplias hacia el norte.
Un esfuerzo más y nos encaramamos a la primera punta del día que, vista desde aquí, no aparenta ser más que una loma en medio de un desierto calizo. Punta d'as Soras, 3002 m. de vellón.
En frente, hacia el norte, se ven los dos Baudrimonts llamados, aunque bastante menos dada la costumbre que tenemos de no valorar la toponimia local y poner nombres que nada tiene que ver con los de toda la vida, Puntas de Tormosa o Mallos de Tormosa. Más todavía, hubo una iniciativa, que no llegó a cuajar, por la cual, ya que prescindimos de la toponimia milenaria, ponerles el nombre de Punta Rabadá y Punta Navarro en recuerdo de la mítica cordada de aragoneses. Pues ni aún por esas... nuestro complejo de inferioridad (de los aragoneses, me refiero) hace que estos picos, en todos los mapas, planos, esquemas y reseñas vengan con el nombre de Henri Baudrimont, ingeniero amigo de Juan Buyse que fue el que popularizó la actual lista de tresmiles que todo el mundo usa/usamos y que nos hace subir a peñascos que, hace apenas veinte años, ni sabíamos que existían y que, por supuesto, no merecía (ni merece) la pena subir.
Pero como todos, en mayor o menor medida, hemos sucumbido al coleccionismo de tresmiles, aquí estamos, Montse, Pierre y el que escribe encaramándonos al Baudrimont SE/Pico Navarro/Mallo Tormosa. Sin ser difícil, la ladera es muy empinada y la piedra muy suelta. Aún así, nos cuesta poco llegar a disfrutar de sus 3026 m. que caen a pico hacia el valle de Pineta.
Bajamos otra vez a la base y decidimos ir hacia el Baudrimont NW/Pico Rabadá/Punta Tormosa.
Hay que bajar una vallonada que da una pereza que te cagas para luego volver a encaramarse a un peñasco que, visto desde aquí, no parece nada fácil. Pierre decide que va a guardar sus fuerzas para el Soum de Ramond/Punta Añisclo así que somos Montse y yo los que bajamos al nevero y nos encaramamos, con cuidadín que esto está que se cae todo, a la cima del pikachu mientras que nuestro amiguito nos hace fotos desde el otro lado.  Allí estamos, dos puntitos rojo y amarillo, en medio de una pared que parece inexpugnable.
Una vez arriba tomamos dos decisiones, a saber, que la espalda de Esparrets se queda para mejor ocasión y que yo paso de subir al Sum de Ramond/Pico Añisclo que ya he estado tres veces arriba, que se está nublando y no se va a ver nada y que no me apetece, sin más. Así que bajamos y es ahora Montse, que ha demostrado ser, con diferencia, la que más fuerte está de los tres (si no me tacharan de machista diría que es la que más güebos tiene) la que sube con Pierre (que lleva mas/menos tres cuartos de hora tocándose los pitos al sol) a la cima del Pico Añisclo por un pedregal que me entran sudores fríos solo de verlos.
Ahora soy yo el que se pega una hora entre sol y sombra porque se ha nublado mucho. Incluso llego a echar una cabezada y todo.
Al fin, bajan. Efectivamente, una nube puñetera se ha instalado en las Treserols y no les ha dejado ver nada.
Bueno, pues ahora nos queda una buena pateada de vuelta siguiendo el mismo sendero de subida.
Lo cierto es que, al final, la vuelta se hace larga.
Yo me había hecho la composición mental de que, como el autobús te sube a 2200 m, esto iba a ser un paseo sin importancia y mira el track. Resulta que ha salido casi 1900 m de desnivel y casi 25 km de distancia. Jodo petaca... con razón tenía yo ganas de sentarme en este autobús...
Hala pues...

martes, 16 de septiembre de 2014

POR LA CATEDRAL DEL SENDERISMO Y MÁS.

Vaya por delante que no se como coño he acabado en Benidorm. Quizá el matriarcalismo
imperante en mi casa, con dos mujeres con los ovarios bien puestos, tenga algo que ver y el hecho de que, el resto del año, hago, previo acuerdo, lo que me sale de los mismísimos. De una forma o de otra, después de los Alpes, se impone una semana de playa con la familia (la directa y la política) y allí que estamos.
Constato con creciente sorpresa y admiración que Alicante, donde no había estado, es un territorio montañoso, con profundos barrancos labrados en calizas, abundancia de ferratas, recorridos más o menos interesantes y mucho arte rupestre escondido en los recovecos de esas peñas... pues mira igual no va a estar mal la semana.
Ola de calor africano que aplatana al más pintao... chiringuito, playa, chiringuito, playa, sobrinos echando arena a los ojos, ducha, paseo en calles atestadas, playa, sobrinos echando agua con el p*t* cubito por encima, tetas, chiringuito, terracica, tetas, playa, sobrinos pidiendo a gritos un helao.... hasta que el jueves decido que, si o sí, hay que cambiar de rutina.
Me decido, entre varias opciones, por la llamada, pomposamente, "Catedral del senderismo" Vamos a ver si es para tanto.

Me levanto a las cinco de la mañana .
 Joder... ya hace calor. Cojo el coche y, previo pago de 3 lereles en el peaje y recorrer retorcidas carreteras de montaña,  me planto en un lugar llamado Fleix, uno de los pueblos que conforman la Vall de Laguart justo cuando empieza a amanecer.
Fleix es un pueblo pequeño, encalado, colgado de un barranco. No hay ni un alma por las calles. Aún así, localizo enseguida señales de PR que me llevan, tras unos metros por carretera, a la antigua fuente y al lavadero, seco como el chichi de la barriguitas. Enseguida la senda se desvía a la derecha y empieza a bajar en picado por la pared del barranco que tengo a la derecha.
Sorprendente el trazado, buscando las viras y haciendo largas zetas, sorprendente el mantenimiento de la senda, perfecto, empedrado y muy bien señalizado y sorprendentes los cientos (bueno, en realidad dicen que hay 6800) escalones que nos ayudan a bajar o subir las pendientes.
Más tarde, (tengo la mala costumbre de primero ir a los sitios y luego informarme de lo que he visto) me enteraré que esos caminos son herencia morisca cuando éstos fueron arrinconados en las zonas más escarpadas tras la conquista cristiana de ese territorio en 1244.
De una forma o de otra, llegamos al fondo del barranco Girona una enorme extensión de gravas blancas y cegadoras. Aguas arriba se desarrolla el Barranc de l'Infern, una de las joyas barranquistas de la península, que también quería hacer antes de llegar a la conclusión que allí solo y con esas temperaturas, si me pasa algo, me encontrarán como la momia de Ramses IV. Lo dejo para ocasión más propicia, más cuando, después de terminar el recorrido, veo que en una zona muy reducida hay, al menos, cinco barranco equipados.
Continuamos ahora hacia arriba y con la misma tónica. Sendero perfectamente mantenido y señalizado y cientos de escalones por superar. Afortunadamente, las numerosísimas curvas de la senda hacen que la pendiente sea muy moderada, cosa que se agradece porque son las ocho de la mañana y hace un calor que te cagas... no quiero ni pensar la que va a hacer a las doce.
Llego a las ruinas de lo que antes fue algo parecido a un minipueblo. Es el Pou de Juvea  donde la senda se convierte en pista. Paso por una zona de huertos cultivados (aquí se puede llegar con coche desde algún lado), un pozo, una fuente de la que no bebo porsiaca, (que estoy fuera de mi ecosistema y mi estómago no estará acostumbrado a virus meridionales) y enseguida llego a un pequeño pueblo, este habitado y más o menos mantenido. Es Juvees d'enmig donde abandono la pista y vuelvo a coger
la senda. Ésta baja otra vez en picado, pasando al lado de unas paredes que reflejan el calor de forma agobiante y una fuente  de la que, esta vez si, bebo y relleno la cantimplora mientras me como todos los higos que tengo al alcance de la mano en una higuera gigante al lado del camino.
Vuelvo a estar en el cauce seco del barranco. Lo que he hecho ha sido salvar, por arriba, la parte deportiva que ahora, me queda aguas abajo aunque hacia arriba veo un hermoso estrechamiento del cauce.
Vuelta a subir por una ladera pedregosa y reseca, entre fajas de antiguos cultivos hasta que llego a las ruinas de otro pueblo, Juvees d'alt. Nada que ver, ruinas y basuras por doquier y esa sensación de mal rollo que me asalta en algunos lugares y a la que siempre le hago caso poniendo tierra de por medio. Nueva bajada, esta vez al fondo del barranco de Racons (equipado también para descenderlo) y vuelta a subir a ganar la altiplanicie donde está asentado Benimaurell. Afortunadamente, en esta última subida, tengo una pared muy alta, muy cerca y situada al sur que me tapa el sol porque, las pocas veces que me pega, es casi insoportable el calor. Hasta las plantas, que deberían estar acostumbradas a esta tostada, florecen solo bajo estos acantilados. Hay cientos de espigas de Urginea marítima, bellísima planta que me recuerda a los abozos de mis queridas montañas norteñas.
Un esfuerzo más, medio litro de sudor tirado y llego a Benimaurell, pueblo vecino a Fleix, desde donde he salido hace ya un rato y al que llego por una pista asfaltada entre huertas.
Pues hombre, catedral, lo que se dice catedral.... estos no han visto Sobrepuerto o Guara u Ordesa, por poner dos o tres catedrales de las de aquí... pero vamos... que ha estado bien... quizá, en vez de catedral vamos a dejarlo en iglesia parroquial.
Y como sobra día (es lo que tiene madrugar) y estoy relativamente cerca, me decido a rematar la jornada en la llamada por las guías "Capilla sixtina del arte neolítico" ( Lo que si es cierto es que estos alicantinos no tienen agüela que los pondere).
Carretera hasta el llamado Pla de Petracos donde se abren varios abrigos, muy parecidos a los de Guara, pero con arte macroesquemático y declaradas, hace no mucho, patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Interesantes, más que nada porque las pinturas son enormes y la simbología (cuando te la explican) bastante evidente. Por ponerle un pero, que la valla está muy lejos y hay que tirar de zoom a tope para poder hacer una foto en condiciones.
La verdad es que paso mucho rato allí yendo de uno a otro y del otro al uno. Curiosamente (o no) no hay ni Dios.
Aún visité algún yacimiento cercano, bastante menos interesante, más vallado y con pinturas peor conservadas. Me quedé con ganas de más arte rupestre pero la temperatura es insufrible y la tentación de la playa, el chiringuito y el sobrino echándote agua por encima es muy grande así que lo dejamos para otra ocasión.
Hala pues...