martes, 23 de junio de 2015

PERDIGUERO Y CRESTA DE LITEROLA.

Pues mira, que al final, después de mil planes cancelados, de varias personas que iban a venir y que, por una razón o por otra no vienen, que si es la Quebrantahuesos y a mi me hace tilín ver pasar tíos con piernas depiladas,  que si hace mucho calor o que el Zaragoza sube a primera... al final somos Kankel y yo los que cogemos carretera hacia Benasque en un día radiante que promete lo mejor de si mismo... además estamos en la noche previa al solsticio. Nada puede salir mal.
Sin prisa, ya que tenemos el día por delante, llegamos a Castejón de Sos y paramos  a echar una galimba con nuestra amiga Silvia (ella bebe acuarius que pa eso está grávida, encinta y preñada) que anda por allí mientras que su partenaire (y padre, suponemos, de la criatura) baja barrancos con sus amigotes.
Buen rato de charrada antes de continuar a Benasque donde comemos como marqueses, sentados, con plato, mantel y cubiertos... ya verás que manera sudar luego, ya...
Con pereza, y andando como tentetiesos, cogemos coche otra vez y nos plantamos en el parquing del valle de Literola, desconocido (para nosotros) afluente del Ésera y por donde pretendemos subir hasta nuestros objetivos.
Jodo petaca... empieza esto fuerte!!!. Si unimos al calor, lo que pesan los mochilones, la hora que es y la cuesta empinada como picha de novio por medio de un pinar, el primer tramo se hace muy duro hasta que se sale a campo abierto y la subida cede un poco.... pero es un espejismo porque, enseguida, continúa ganado altura entre bucólicos prados tapizados de miles de flores.
Llegamos a la altura de la cabaña de Literola, que habíamos barajado como primera opción para dormir (y así nos evitamos la tienda, que nos estamos volviendo muy señoritos).
Bueno, pues que no, que continuamos subiendo, a veces en suave ascenso y a veces por tapias que incluso hay que ayudarse de manos y pieses hasta llegar a lo que se intuye que será el fin del recorrido por hoy, un estrecho que sirve de umbral a la cuenca lacustre del ibonet de Literola donde pretendemos dormir... o al menos pasar la noche. Tres horas hasta aquí y una buena sudada.
El ibón es un paraje idílico, de postal, de esos donde los elementos se han aliado para crear un lugar mágico. Joder, y hoy casi es noche solsticial... ¿¿¿qué más se puede pedir??? Pues que haya un sitio sin nieve y mínimamente llano para poner la tienda, por ejemplo. Por que si, queridos y queridas amiguitos y amiguitas. Casi toda la superficie de la cola del ibón, el único sitio llano, está llena de nieve y/o con escorrentía de fusión lo que hace  difícil encontrar un sitio aparente para montar la
tienda. Una pareja que ha llegado antes que nosotros se ha colocado en el único sitio decente así que nosotros, tras probar en dos o tres sitios, nos colocamos cerca de ellos, apenas separados por un brazo de río.
Montamos la tienda y nos dejamos llevar por la molicie, la apatía y la abulia mientras vemos como el sol declina y se esconde por detrás del Perdigueret, pikachu que tenemos casi sobre nuestra vertical.
Llega otra pareja. Parecía que no pero aún hay sitio para una tienda más. Cruzamos cuatro palabras, nos dicen que pretenden hacer lo mismo que nosotros mañana y nos disponemos a preparar la cena con toda la ropa que llevamos pues la temperatura ha bajado escandalosamente.
Mientras engullimos unos fideos chinos y nos preparamos un té, la pareja que ha llegado primero (y que hace ratos que se han metido dentro de la tienda) se entregan a festejar el solsticio de la mejor manera que se les ocurre, a la vez que nos hacen partícipes de su entusiasmo amatorio y/o sexual. ¡Qué bonito! La noche en la que  triunfa el sol sobre la noche, quizir, simbólicamente la vida
sobre la muerte, los colegas aquí, dándole a rituales vitales y fecundantes... lástima que no me atraes nada, Kankel... que si no, te iba a poner mirando pal Perdiguero a ti también.
Bueno, pues que nos echamos a dormir, cada uno en su saco y en posición encontrada y así pasamos la noche... sorprendentemente cómodos (por el sitio) y calientes (por el saco, se entiende...).
Ocho de la mañana. Nos levantamos, desperezamos y nos preparamos un café.
Día radiante, hermoso, de los que apetece empezar a trepar. Así que dicho y hecho. Nos equipamos y empezamos a subir por una tapia que nos lleva al llamado Collado Ubago, donde confluyen las cuencas de Literola y Estós. Aquí nos alcanzan la otra pareja que ha dormido con nosotros (en otra tienda y separados ¡ojo!) y que pretenden hacer lo mismo que nosotros, es decir, el Perdiguero y sus 3222 m. de vellón y, ya que hemos subido hasta aquí, bajar por la cresta de Literola. Maja gente. De Barcelona aunque ella, Lupe, es de Monzón. ¿De Monzón? Conocemos una pareja que hace monte de allí.. se llaman Juan Carlos y Silvia. ¡Claro que los conozco!!! ¡¡¡Silvia es amiga mía!!!!! Amos, no me jodas!!!! Qué pequeño es el mundo, coño. Pues nada, que con más motivo vamos a ir juntos hoy... ya sabes la canción esa de los amigos de mis amigos son mis amigos.... uh!!! Vaya lío!!!!  Los amigos de mis amigos son mis amigos!!!!!!!!... estoooooo, bueno, a lo que iba.
Que pasamos por el insignificante hito este del Perdiguero y, al poco nos encaramamos a la cima donde llego sorprendentemente descansado.
Pues mira, ya que estamos aquí, nos desviamos un poco a pisar el otro insignificante hito, esta vez el oeste y volvemos a la cima donde ya empieza a llegar gente desde todas las vías de este gigante pirenaico vigilados por el Poset, los Cabrioles, el Maupás y un montón de peñascos más que sobrepasan la mágica cifra de los 3000 m sobre el nivel de Salou.
Un bocado rápido y empezamos a descender por la arista de Literola.
Sin ser difícil, la cresta no es un paseo. Hay que prestar atención en muchos puntos, hay que destrepar y hay que buscar el mejor paso en un caos de bloques de granito de todos los tamaños, formas y colores.
La primera cota que se pasa, considerada también uno de los 212 tresmiles, es la Tuca de Literola a la que siguen el Pico Royo, llamado así porque la naturaleza geológica ha cambiado radicalmente y andamos sobre lajas y arenas de esquistos rojizos  y la que tiene más prominencia de toda la cresta y merece llamarse pico; la Punta de Literola.
A partir de aquí, la cresta parece caer en picao y, si no fuera porque sabemos que por aquí se puede bajar  y es relativamente fácil, nos acojonaríamos al ver el abismo que se abre delante, a nuestra derecha y a nuestra izquierda.
Pues con cuidadín, mirando siempre donde ponemos los pies y asegurándonos antes de cargar el peso sobre los bloques, nos situamos debajo de la aguja de Literola, la última cota reseñada y que es, ni más ni menos, un peñasco un poco más alto que los demás y al que hay que acceder, desde un mini collado, escalando una chimenea situada a la derecha.
Pues ya poco queda... apenas unos metros de descenso casi vertical nos dejan en un nevero que nos da paso, al poco, al collado de Literola donde termina la cresta.
Un ratito de descanso y charrada y nos calzamos los crampones para bajar por el gigantesco circo que termina en el hermoso, semihelado y fotogénico ibón blanco de Literola.
Parecía que ya se habían acabado las dificultades, pero no... resulta que, una vez alcanzado el desagüe del ibón ,  debemos bajar por un nevero con inclinación cercana a la vertical... y va, y a Kankel se le parte un crampón.
Sin posibilidades de arreglo, tiene que bajar con uno solo, cosa complicada porque aquello se inclina muy mucho.
Al final, con más problemas de los previstos, entre unos y otros, llegamos a la cola del ibonet y de allí a las tiendas donde, ahora si que si, se acaban las dificultades y nos podemos relajar comiendo, bebiendo y holgazaneando un rato.
Lupe y Víctor se van. Nos despedimos y hacemos votos de volvernos a encontrar en alguna de éstas y nosotros nos quedamos porque nos da una pereza que te cagas desmontar el campamento base e iniciar una bajada que sabemos larga e inclinada.
Al final lo hacemos, claro, y con unas mochilas que sorprendentemente pesan más que a la subida (o eso nos parece) cogemos camino hacia abajo siguiendo las aguas del torrente recién nacido que se despeña en busca del valle.
Menos mal que la flora está en su máximo apogeo y da gusto descubrir a cada paso especies interesantes, fotogénicas o simplemente bellas.
Y así acaba un finde memorable. Por la climatología, la actividad, la compañía y los paisajes.
Solo falta abrevar lo suficiente como para reponer todas las sales perdidas y afrontar el viaje de vuelta a casa, que mañana es lunes.
No hay track. No se qué coño le ha pasado al gipi y se ha vuelto loco en muchos lugares. De todas formas, en esto de internete hay suficiente información como para que os hagáis una idea de lo que ha sido esto (porque, desde luego, con esta crónica, estoy seguro que no os habéis enterado de nada...)
Hala pues....

martes, 9 de junio de 2015

TOZAL DEL MALLO, DESDE ORDESA

Parece mentira ¿verdad? pero nunca habíamos estado en la cima del mítico, icónico, estético y fotografiado Tozal del Mallo de Ordesa. Así que el sábado sabadete día de nuestro señor del 30 de
mayo, con riesgo de tormentas horrorosas de magnitud 9 sobre 10 en la escala del Richar, nos vamos a encaramar a esa peña de forma y manera que, cuando los elementos se alíen para jodernos la jugada, nosotros estaremos ya, como poco, echando una galimba en el bar de la pradera.
Ocho de la mañana en Biescas. Me viene a buscar Pol que, últimamente, se prodiga poco en esto de salir por el monte.
Al poco llegamos a Ordesa, aparcamos y retrocedemos por el conocido y recorrido muchas veces camino de Carriata que, previa sudada y buen andar, nos deja en la base de la clavijas homónimas.
Pues na, bienvenidos al mundo dolomítico, vertical y calizo de Ordesa donde la gravedad es ley y los sarrios los únicos dueños... con permiso de treparriscos, chovas y demás pajarillos y pajarracos que nos animan el día con sus vuelos, trinos y graznidos.
Las clavijas de Carriata  (o Salarons) son fáciles. Son dos escalones verticales y una pequeña grieta en la que se clavaron, hace décadas, hierros como pa una boda de forma y manera que siempre hay un agarradero para manos, pies o cola como hacen los titís de Bormeo.
Las subimos sin mayor contratiempo y nos colocamos en el umbral que, depende el tiempo, las ganas y lo que llevemos pensado, nos llevaría a saber: A la espectacular Faja de las flores, al Tozal del Mallo o a los llanos de Salarons y de allí al Taillón, los Gabietos, la brecha, Sarradets, Lourdes, Tolouse, Chamonix y el Mont Blanc previo paso por la aguja de Goûter.
Como hemos dicho, habiendo estado en todos los demás sitios nombrados, nos desviamos hacia el único que nos falta y que, desde allí, lo tenemos al alcance de nuestras piernas.
Una vira que llanea y se adapta a las paredes que tenemos a nuestra izquierda, nos lleva a una especie de istmo que une el tozal con el resto del mundo y que nos habla, bien a las claras, de las espectaculares fuerzas telúricas y las erosiones subsiguientes.
la cosa es que es un paseo, una vez superadas las clavijas, llegar a la cima de tan señera, simbólica y sorprendentemente alargada cima.
Vistas espectaculares en todas direcciones y el cañón de Ordesa a nuestros pies.
Nos entretenemos un rato largo en recorrerla hasta el mismo borde del abismo, hacemos fotos y miramos al cielo donde las anunciadas tormentas ni se ven ni tiene pinta de que lleguen.
Así que, como esto ha sido un paseo, pergeñamos un plan B que consiste en bajar desde este peñasco y coger, en vez la senda de descenso, la de Racón que nos llevará, entre bosques, fajas y recovecos ordesiles, a la base de la cascada de Cotatuero, así alargamos un poco más el día que se nos está haciendo corto.
Pues nada, que a eso nos aplicamos. Variamos un poco el descenso y lo hacemos por el paso de la fajeta, más bonito a fe mía para coger la senda que nos lleva, primero en suave ascenso y luego en suave descenso al valle paralelo de Cotatuero donde luce su cascada, que hoy baja soberbia.
Con la tontería y charrando tranquilamente, se nos ha hecho la hora de comer. Lo hacemos justo donde se inicia la Faja Canarellos, continuación lógica de la que llevamos pero que, por esta vez, la perdonamos.
Después de aliviar los estómagos y los pies en el agua helada del barranco, continuamos por sendero conocido y mil veces pisado a empalmar con el que baja de la Cola de Caballo y de allí al bar directos donde cae, nos la hayamos ganado o no, una galimba de las grandes.
Finde tonto, de transición y el párquing  petao de gente. Es que, Ordesa es mucho Ordesa.
Pues nada... al final, ni tormentas ni nada. Últimamente nos están fallando mucho en esto de la previsión... que ya, que ya se que no es una ciencia exacta y que la atmósfera es un sistema donde reina la entropía  pero jodo petaca... si hiciéramos caso de las previsiones catastrofistas no saldríamos de casa.
Bueno, que ya termino. Que, aunque está todo suficientemente señalizado y pateado, aquí tenéis el track de una ruta muy recomendable.
Hala pues... pídeme un orujo si eso... que me voy a mear.

miércoles, 27 de mayo de 2015

PUNTA COCHALDO (2213 m), DESDE LACUNIACHA.

Cima olvidada donde las haya. Todo lo que se encuentra a la izquierda de Telera (según se mira desde el norte) no existe... o eso parece. Lo cierto es que allí, la sierra de Partacua inicia un descenso vertiginoso hacia el valle del Gállego y no hay, ni sendas claras, ni apenas reseñas de alguien que se aventure por allí... porque sí, queridos y queridas amiguitos y amiguitas... adentrarte por esos territorios (y más por su versant sud) garantiza el no encontrar caminos evidentes y, por lo tanto, aventura, destrepes guarros, desarrollar el sentido de la orientación y algún tropezón o resbalón sin consecuencias.
Así pues, con este convencimiento, el sábado sabadete, nos juntamos en Biescas David, Irene y su cuñado Chema, Kankel el Yeti y yo. Tras las presentaciones y los cafeses iniciamos marcha hacia el norte para dejar un coche en Sta. Elena y con los otros ir hasta el parquing de Lacuniacha, desierto a estas horas pese a no haber madrugado demasiado.
Cogemos la conocida pista, con parada en el crómlech de As Lastras, y desvío hacia plana Terrosa para encarar la canal del burro que ya conocemos de otras ocasiones.
Más bien que mal, nos encaramamos a la divisoria. habíamos llevado hierros variados para pasar por dos neveros grandes que se veían pero llegados a ellos, los podemos sortear sin nigún problema... así que hemos acarreado peso solo como entrenamiento, que tampoco está mal... el que no se consuela porque no quiere.
Pues resulta, queridos amiguitos y amiguitas, que llegados arriba, al collado, la peña a la que pretendemos encaramarnos  se sitúa muchos metros más abajo y, al menos desde aquí, presenta un aspecto altivo y casi inexpugnable pese a ser chiquitina con respecto a las que la rodean. (más o menos como yo, que soy chiquitín pero tengo muy mala hostia).
Pues bajamos justo por el filo de la cresta, dejando a nuestra derecha inclinadísimas laderas de hierba y a nuestra izquierda abismos que haría que, un tropezón tonto, nos llevaran a disfrutar de los placeres del Tártaro, junto con las meretrices, los juerguistas y los apostatas  (y con Rajoy y Rato y buena parte de cúpula del PP conforme vayan llegando).
Bueno, pues que colocados debajo de la cúpula cimera, nos queda trepar por una pendiente muy inclinada de hierba y piedras hasta dar con la amplia, redondeada y ventosa cima de Cochaldo y sus 2213 m. de vellón.
Buscamos un lugar a resguardo del viento y nos echamos un bocao, mientras saboreamos, por este orden, el paisaje, la conversación y el chorizo de jabalí maridado magistralmente con vino pelaire.
Nos queda el descenso. Sin sendero, por laderas inclinadísimas de hierba (sin duda peligrosas si están mojadas) vamos bajando más mal que bien hacia la brecha de Cochaldo muy evidente pero muy abajo, la puñetera.
Llegados a ella (terreno ya conocido, al menos por el que esto escribe que había llegado a este singular paraje de agujas calizas enhiestas y hierba verde y crujiente, en un par de ocasiones y por diferentes lugares), decía que, llegados a ella hacemos un descanso largo y relajante para nuestras doloridas piernas mientras nos miramos, de reojo, lo que se nos viene encima. Si hasta ahora las laderas eran inclinadas pero de hierba jugosa y mullida, ahora viene una ladera de canchal afilado, de gravas sueltas y resbaladizas y de erizones erizados de punchas.
Bueno, pues na... vamos a ello.
Lo resolvemos con toda la dignidad que nos permiten los 500 m. de desnivel que nos comemos de frente, entre resbalones y algún pinchazo, para terminar en la guinda final, el paso del Forato, singular cueva con entrada y salida que nos permite atravesar (ayudándonos de manos, pies y culo) el último de los impedimentos que encontraremos antes de llegar a los verdes, bucólicos y orgásmicos prados que rodean el refugio de Furcunfiecho.
Ahora ya está todo hecho aunque queda una calcetinada elegante hasta el coche.
Así que, nos descalzamos, nos tumbamos y comemos disfrutando del sol, de la buena temperatura y del hormigueo en las piernas producto, a partes iguales, del desnivel y de los erizones que nos han acariciado en el descenso.
La pista del puerto hace multitud de curvas para ganar o perder desnivel que se soslayan con atajos marcados con hitos. Aprovechándolos todos, y desviándonos definitivamente en los prados de Plan d'Isús, llegamos a la carretera a una hora decente pese a la distancia recorrida, las paradas abundantes y el desnivel acumulado.
Ahora solo queda ir a buscar el los coches y cumplimentar el ritual atávico de hidratarnos con una galimba como mi cabeza de gorda.... todos menos una que se empeña en beber la chispa de la vida y así le va después... que las agujetas se le cronifican.... si es queeeeee.
Bueno, aquí tenéis el track.
Hala pues...

jueves, 14 de mayo de 2015

PONIÉNDOME AL DÍA.

No tengo tiempo. Supongo que alguien lee estas chorradas que escribo, pero estoy seguro que nadie espera una periodicidad en las entradas.

Me he metido en un montón de embolaos que me dejan tiempo apenas  para dormir y para currar así que, si hay algo que hay que dejar a un lado, es esto del blog...

Pero bueno, como desde el principio me lo planteé como un diario de actividades montaraces y montañeras, aquí estoy, escribiendo cuatro líneas para ponerme al día.

DÍAS 22-23-24 Y 25 DE ABRIL

TRAVESÍA SAN URBECIANA.

Hace dos años la hice entera, en un recorrido inolvidable rodeado de gente que realmente merece la pena conocer... Pues este año mejor todavía... A la gente que merece la pena conocer, se le une más gente que merece la pena hasta completar un grupo excepcional con el que conviví durante cinco días mientras atravesábamos sierras, barrancos y collados en busca de ermitas, senderos y paz interior. También he conseguido material interesante e inédito para el trabajo que estoy haciendo así que, mejor que mejor.
Días preciosos, en lo meteorológico y en las vivencias... Todas, pero la noche en San Martín de la Bal d'Onsera tardaré en olvidarla.... si es que lo hago.

DÍAS 8-9 Y 10 DE MAYO

AL MONTE CON GENTE.

Uno, que además de paseante y observador montaraz y montañero, le gusta compartir sus limitados conocimientos, es requerido en numerosas ocasiones para llevar gentes de toda índole y condición por senderos y villas mientras explico la flora, la fauna, la geología y divertidas anécdotas chipiriflaúticas para regocijo, solaz y  entretenimiento de los que tienen a bien acompañarme.
Así que el viernes estuve dando un rulo por Ordesa con los adolescentes de un instituto de Sabiñánigo y ¿sabéis que? que me sorprendieron... Para bien...

El sábado tocaba excursión con mis alumn@s de educación de adultos. El recorrido fue el clásico de los acantilados de Cifuens , florecido, exuberante, magnífico... día muy interesante y del que me llevo, entre otras cosas, dos puntos de aproximación en el cerebro de una hostia que me pegué con una estalagtita en la cueva de la Artica.

Y el domingo, mis buenos amigos Silvia y J.C. me invitan a que guíe a un nutrido grupo del Club Montisonense de Montaña en una excursión medioambiental. Elegimos la ruta Lárrede-Oliván-Casbas. 
Como juego en casa, ni me la preparo.
Después de todo el día charrando, observando florecitas, piedras, bolos erráticos y sillares tallados,
aún sobra tiempo para ir a San Chuan de Busa y a la cascada de Orós donde damos por finalizado un finde intenso, interesante y donde he convivido con gentes de toda naturaleza con un denominador común:  Nos gusta el monte más que a los del PP el dinero sucio.
Bueno, pues eso... que ahora estamos liados preparando la Feria de Primavera a la que os invito a venir y enseguida nos pondremos con las Jornadas de Orquideología, que este año prometen ser muy interesantes...
Hala pues...

martes, 21 de abril de 2015

SESTRALES, DESDE AÑISCLO

Muchas veces  había visto las Sestrales desde muchos sitios. Incluso desde lugares tan lejanos como
Oturia u Oroel es inconfundible se perfil aserrado, fragoso, escarpado, abrupto... y eso que no son altos, apenas rozan los 2000 m. de altura... pero son montes llamativos y a los que todo amante del Piri debería subir alguna vez. Además, se sitúan en un paraje tan espléndido como el Cañón de Añisclo desde donde pretendemos subir. Y eso que hay otro recorrido, muchísimo más sencillo, corto y descansado. Es desde el final de la pista que sale de Bestué y sube hasta el límite del parque nacional. De allí, en apenas 300 m. de desnivel te plantas arriba para ver, a vista de buitre, el fondo del cañón de Añisclo muchos centenares de metros más abajo.
Bueno, pues que después de tantear, avisar, llamar y guasapear a unos y otros, nos vamos solos con Roberto... ni siquiera me llevo al Yeti ya que, uno es responsable y sabe que los perros no pueden ir sueltos por el parque y ni yo ni el perro estamos dispuestos a ir ataos uno del otro.
Bueno, pues que tras madrugada indecente nos plantamos en el parquing de San Úrbez en un día radiante. Nos calzamos e iniciamos la marcha.
La ruta se puede resumir en un "toparriba", aderezado con ratos de subida suave y con algunos ratos (afortunadamente pocos) de catalogación "suputamadre".
Efectivamente, queridos y queridas amiguitos y amiguitas.... El primer tercio es una subida entre bosque que no da tregua pero de buen andar, el segundo tercio son dos largos (larguísimos diría yo) flanqueos que sin dejar de subir, son bastante más llevaderos y el último tercio es una subida criminal por una canchalera que cuando la ves desde abajo te preguntas porqué tus padres, en vez de regalarte un par de botas, no te regalaron una Nancy en aquellos años en los que estabas forjando tu carácter y tus aficiones.
Eso sí, el premio a tanto esfuerzo es llegar al filo de la arista y, durante mucho tiempo, andar por fajas colgadas de abismos insoldables, trepar por escalones y sortear derrubios y torretas que la erosión a respetado (de momento) y que, a mí por lo menos, me dan la sensación de caminar por los restos de una fortaleza recientemente conquistada a sangre y fuego (a agua y tiempo, en este caso... bueno, y reacciones químicas, pero entonces no queda bonito el relato...)
Una vez llegados arriba, todavía queda un leve paseo entre bucólicos prados donde aflora el karst para llegar a lo que se supone que es una de las cotas del macizo, Sestrales baja de 2078 m. de vellón.
Largo rato parados allá arriba disfrutando de la temperatura, de la fotografía y de la labor callada de las fuerzas tectónicas hasta que decidimos que a Sestrales alta no vamos... que está relativamente cerca pero que, entre una cosa y otra, nos llevará una hora y que el día se está nublando y que nos queda un güebo y la yema del otro para llegar al coche con salud y secos, a poder ser...
Así que, con pereza, desandamos el camino. Con tranquilidad al principio que no está el terreno como para hacer el tonto por aquí y mucho más rápido después pues, aparte de que se está nublando de verdad, caemos en la cuenta que solo hemos visto una fuente en todo el camino y que ese será el sitio donde tendremos que comer pues todos los líquidos que portábamos se han acabado hace ratos y no es plan de comer el bocata y que se te haga bola.
Bueno, pues eso, que paramos en la fuente, comemos y, cuando casi estamos abajo, nos desviamos a visitar las bordas de Aso, lugar este mítico entre los estudiosos de las tradiciones pues no en vano, uno de los episodios más recordados de la hagiografía de San Úrbez, tuvo lugar aquí. ¿Qué cual es? Pues mira, no voy a contároslo. Eso si, recomiendo vivamente, si tenéis interés, la lectura de estas dos joyas bibliográficas, una de las cuales tuve el placer y el honor de prologar.
Bueno, pues na.... que al final no nos llovió aunque hizo amago, que llegamos al coche con salud, bien y pies recalentados y que el día se acaba, como no podía ser de otra manera, ante medio litro de cerveza que entra sin tocar.... si no condujera me echaría otra.... ah! que no conduzco! Pues hala, echa otra, moceta...
Hala pues...